Ocho razones para amar la enseñanza del español como lengua extranjera

Publicado: 5 mayo, 2013 en Sin categoría
Autor: Antonio Alaminos. (14/06/2013)
twitter @aalamix

Hace algún tiempo, un hombre arrogante y seguro de sí mismo que guardaba una brújula que apuntaba al dinero, un tipo joven de cuerpo bien esculpido y con los andares de Vladimir Putin, un líder natural de la vieja escuela, de esos que nunca se disculpan, una persona que por razones de la vida era mi jefe en un entorno que nada tenía que ver con la enseñanza de idiomas, un jefe con el que nunca había hablado nada más allá de lo estrictamente profesional, decidió dejar las formalidades aparte: “¿Y por qué quieres ser maestro?” me dijo en inglés “Tú eres inteligente, podrías hacer otra cosa. Mi madre fue maestra toda la vida y me pone triste, me cabrea que gente como tú desperdicie su talento. Podrías hacer mucho más.”

Me sentí halagado, cómo no. Pero también me di cuenta de que cuando dijo “Podrías hacer mucho más” lo que quería decir es “Podrías hacer mucho más dinero”, y eso le quitó importancia a su discurso.

Sin embargo, si esto mismo lo hubiera dicho otra persona que, en lugar de tener el dinero como objetivo final, hubiera estudiantespensado en algo un poco menos mundano como la autorrealización personal, ¿tendría razón entonces? Es decir ¿Es el trabajo de docente un puesto que facilita el desarrollo personal y el bienestar? ¿Es una buena idea invertir tu talento en esto? ¿Es gratificante?

Por supuesto eso va depende de muchos factores externos a la enseñanza en sí, como por ejemplo el país o el tipo de centro en el que estemos enseñando. Pero si hablamos de enseñanza del español en general, sin entrar a evaluar sistemas educativos particulares, puedo distinguir una serie de elementos muy importantes que hacen de nuestra actividad un campo idóneo para cultivar ciertas habilidades, para aprender y en general para crecer. Es una lista que he decidido titular simplemente Ocho razones para amar la enseñanza ELE:

Relaciones personales. Cuando trabajas en la enseñanza, siempre estás en contacto con gente. Alumnos, colegas del centro, cooperaciones con otros centros o instituciones, etc. Esto puede traer quebraderos de cabeza a veces, cómo no, pero también constituye una grandísima oportunidad para establecer amistades o relaciones ricas, las cuales son, como parecen indicar muchos estudios científicos, el mayor ingrediente de la felicidad. En el aula, hacemos de monitores en debates, de animadores, manejamos emociones, desarrollamos nuestra inteligencia interpersonal, nuestra habilidad para resolver conflictos, etc.

Oratoria, o simplemente el arte de hablar en público. Aprender a captar la atención de los alumnos con preguntas frecuentes, cambios en el tono, posando la vista en distintos alumnos, etc. y también aprender a hablar despacio y vocalizar. Además, uno se acostumbra a estar en el “escenario”.

Adaptación continua. Quizá uno de los puntos más estimulantes (y quizá frustrantes) es el que nos demanda mantenernos (in)formados constantemente. Primero, porque tendremos que adaptar nuestras estrategias al tipo de alumnado; segundo, adaptar al aula las nuevas tecnologías que puedan facilitar la enseñanza/aprendizaje de idiomas; tercero, adaptar los materiales a los tiempos actuales para mantener los temas atractivos y relevantes; cuarto… ¿se os ocurre un cuarto punto? Seguro que sí.

Aprendizaje acerca de tu propia lengua. Enseñar algo tan dinámico, escurridizo y omnipresente como la lengua, implica aprender sobre ella constantemente. Da igual que sea tu lengua nativa, siempre aprenderás algo.  Y ya que la lengua que enseñamos se ubica en tantas áreas del globo, desarrollándose con características particulares en cada región, impregnándose de las diferentes idiosincrasias de los pueblos que la hablan, tenemos la oportunidad de aprender acerca de culturas que nos son ajenas sin llegar a serlo del todo, este es el siguiente punto.

estudiantes2Aprendizaje sobre las culturas (hispánicas). Si es cierto que aprendemos sobre la lengua española, no lo es menos que aprendemos sobre su(s) cultura(s). Pero también aprende uno acerca de la cultura de su propio terruño natal (recuerdo por ejemplo cuando tuve que documentarme para dar una clase con el tema de la Semana Santa).

Trabajo móvil. Tenemos la suerte de dedicarnos a la enseñanza de una lengua que está en auge y que se aprende en todos los continentes. Por ello, podemos en principio enseñar en cualquier parte del mundo. Esta fue, sin duda, una de los primeras razones que me atrajo hacia la enseñanza del español. Por el contrario, si lo que queremos es no mudarnos de país, ni siquiera levantarnos del sofá, también está la posibilidad de enseñar online.

Espacio para la creatividad. Este es sin duda uno de los aspectos más importantes para mí. Primero, el profe puede diseñar materiales para el aula. Además, el profe de idiomas es un mezclador de recursos, un DJ que recopila, combina y adapta contenidos para que los alumnos bailen, quiero decir, para que disfruten y aprendan. Por último, aunque nuestras sesiones estén planificadas al 100%, siempre pueden surgir huecos para la improvisación, algo que para mí es muy estimulante. Por otro lado, el profe tiene la opción (quizá el deber) también de estimular la creatividad de los alumnos, eligiendo actividades apropiadas y estableciendo entornos seguros para la improvisación.

Espacio para la comedia. En mi corta experiencia como profe he tenido la suerte de equivocarme alguna vez. He visto alumnos aliviados al llegar el final de la clase. He respirado su frustración y me ha contagiado. Y esto, además de hacer que te mejores a la hora de introducir ciertos temas o explicar algún aspecto de la lengua, subraya algo que ya sabía: la risa es esencial. Sí, la risa descarga tensiones, pero no es tan simple como eso. No voy a explayarme en este punto porque creo que hay tanto que decir al respecto que podría acabar escribiendo una novela. Por ahora, baste decir que por suerte hay oportunidades para hacer el payaso en el aula.

Como véis, nuestro trabajo ofrece oportunidades para construir bienestar y para desarrollar muchas habilidades que son importantes a nivel personal, pero que también son transferibles a otras actividades. En definitiva, cuando alguien vuelva a decirme “Podrías hacer mucho más”, contestaré que este trabajo es mucho más de lo que parece y cuando me digan que es un desperdicio de talento les diré que no lo estoy desperdiciando, sino regando.

Y para concluir, ya que esta es por supuesto una lista muy personal, marcada por mi propia experiencia y percepción, me gustaría conocer vuestra opinión: ¿qué puntos os parecen más relevantes? ¿cuáles menos? ¿qué añadir?

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