Profesor de E/LE freelance de este a oeste

Publicado: 22 mayo, 2013 en Sin categoría
Autor: Alfonso Moreno Leal. (23/05/2013)

Hay que reconocer que ser enseñante de lenguas es una de las profesiones más probas y satisfactorias que se pueden desempeñar –después de la de jardinero, a mi juicio- aunque, todo hay que decirlo, no está demasiado bien remunerada, sobre todo en nuestro palaciego y egregio país; España, una y libre; viva el Rey, nuestro príncipe y sus vástagos; Dios los tenga en su gloria por los siglos de los siglos, amén.

Tenemos suerte los españoles de que nuestra lengua sea tan popular en el mundo entero, ocupando ya el segundo lugar (329 millones de hablantes), solo por detrás del chino –sus dialectos más bien- (y es que son muchos chinos los que hablan, más 1.100 millones) y por delante del inglés (328 millones) según una publicación de My Oxford English que podéis encontrar en el enlace   http://www.culturizando.com/2013/02/los-10-idiomas-mas-hablados-en-el-mundo.html

De este modo, la enseñanza del español se ha convertido en una garantía profesional para filólogos de todo pelaje y advenedizos como el que suscribe, especialista en medios de comunicación, pero gran amante de la lengua y la literatura desde que tengo uso de razón, española e inglesa; digamos que una suerte de diletante autodidacta del mundo lingüístico que se ha colado en la enseñanza de ELE gracias a la amabilidad de mis compañeros filólogos que lo han permitido. Aunque debo agregar en mi defensa que estoy estudiando Filología para equipararme con ellos, algo que creo es justo y necesario.

Ya he referido más arriba que los profesores de español no cobramos demasiado y la vida en España puede ser muy agreste y hostil fuera del abrigo del padre Estado y del todopoderoso Instituto Cervantes (de ahí que todos hagamos oposiciones compulsivamente, máster y demás salvoconductos y patentes de corso para conseguir una vida mejor). En verdad tenemos la gran suerte de dominar una lengua que no deja de crecer; y aunque el trabajo es para algunos de nosotros del todo inestable, con todo lo que está cayendo podemos estar “satisfechos” de trabajar algo más que el resto, aun a pesar de la crisis.

Sin embargo, en una ciudad como Málaga el trabajo solo abunda -o mejor dicho, no escasea-, en los meses de primavera y verano, debido a la estacionalidad de su industria económica, eminentemente turística. Los meses de otoño e invierno son harto menesterosos y muchos de nosotros, profesores eventuales, tenemos que buscar otros caminos para conseguir un empleo (y más con el vergonzoso 27% de desempleados que arrastra este nuestro glorioso país, algo que los “liberales” postfranquistas del PP iban a arreglar, ¿sin ladrillo? No lo creo).

Así, en octubre de 2012 se me presentó la oportunidad, a través de una compañera, de ir a enseñar español a Polonia. Un rico empresario (no era un Jay Gatsby en absoluto, más bien un señor Burns) estaba interesado en aprender nuestra lengua para acabar sus últimos días viviendo en Cuba, luego de retirarse tras acumular suficientes euros y disfrutar así de sus millones rodeado de mulatas, mojitos y palmeras en aquel paraíso socialista en el que, a pesar de ser la arcadia obrera como todos sabemos, solo puedes ir a vivir si eres millonario. Qué cosas ¿no?

Las condiciones eran inmejorables y no pude negarme: 700 euros por mes (el coste de la vida allá es muy bajo, con 100 euros vivía como un marqués), casa pagada, calefacción… Y sólo por tres horas al día de trabajo de lunes a sábado. Pero -¡ay de mí!- no alcancé a leer la letra pequeña. El “empleo” distaba de ser perfecto, a pesar de que era de profesor de español y con un sueldo equivalente a 1000 euros en España (exento de gastos de alquiler y calefacción, que no es moco de pavo tal como andan las cosas).

En primer lugar, mi residencia se encontraba en una aldea perdida en el sur de Polonia, Ozimek, en medio del bosque,

Vista de Ozimek, Polonia.

Vista de Ozimek, Polonia.

relativamente cerca de una pequeña ciudad a cuarenta minutos en tren, Opole, donde no había nada que hacer después de las cuatro de la tarde, noche cerrada a esa hora. Nadie hablaba inglés excepto mi acaudalado alumno y no conocía a nadie salvo a él. Tenía que compartir el piso con un obrero que trabajaba en la empresa que tenía mi pupilo (una compañía maderera), un hombre que solo hablaba polaco y que bebía vodka como si fuera agua. Mi benefactor me llamaba al móvil para tener clases a cualquier hora del día, pues al ser un hombre de negocios siempre andaba ocupado, lo que me impedía hacer ningún plan. Debía estar disponible en todo momento en casa esperando, no importaba si era la hora de comer o de la siesta, pues lo mismo me avisaba a las once de la mañana que a las seis de la tarde; siempre cuando a él le convenía. Otras veces directamente no recibía llamada alguna y me quedaba plantado hasta que llegaba la hora de irse a la cama. No, él no solía coger el teléfono cuando lo llamaba para saber qué diantres iba a pasar ese día. Al principio intenté obviar estás nimiedades: la soledad, el aislamiento, la inactividad durante la mayor parte del día, la imposibilidad de hacer planes, de ir a ningún sitio, de estudiar nada o de aprovechar el tiempo en algo productivo…  “Yo soy joven y fuerte, capaz de adaptarme a todo”, pensaba. Tenía que trabajar y quería el dinero, mi única motivación allá después de un mes era ésa, el dinero, poderoso caballero…

Sin embargo, al mes y medio de mi estancia allá, mi jefe dejó de mostrar la motivación y el interés inicial y cada vez nos veíamos menos para practicar el español; huelga decir que no avanzaba nada, no hacía las tareas que yo le mandaba y su capacidad mnemotécnica y cognitiva era deplorable. Viajaba durante semanas y yo permanecía solo, encerrado e inactivo en casa, sin Internet, ni televisión ni nada que hacer. Como podéis imaginar empecé a replantearme el asunto. Comencé a viajar por Alemania y Holanda en su ausencia aunque he de decir que mi aldea se encontraba a más de tres horas del aeropuerto más cercano y hubo una vez en la que necesité seis horas para llegar a casa desde Katowice, cuando volvía de Amsterdam, en medio de la nieve y a menos diez grados. Sí, duro que es uno.

Ya podéis imaginar el desenlace de la historia. En seis meses dejé aquella quimera porque me estaba volviendo loco en un lugar (no es Polonia el problema, es aquella aldea perdida y aquel siniestro millonario) donde estaba malgastando mi tiempo y comprometiendo mi salud física y mental. Lo único positivo fueron los euros que saqué, los viajes a Kraków y Wroclaw, ciudades excepcionales y maravillosas, así como mis visitas a Amsterdam y Berlin. Pero aquello solo era posible cuando mi jefe decidía viajar a Camerún, Sierra Leona o Nueva Zelanda por varias semanas, siempre en clase bussiness, tal y como él siempre reiteraba. Las frases que más veces le escuché repetir fueron: It’s not my problem y Money is freedom, mi amigo. Todo un católico convencido el tipo.

En estos momentos, mientras escribo este artículo estoy pasando el mes de mayo en Rochester, al norte del estado de Nueva York, hasta principios de junio. He venido acá para ayudar en la enseñanza del español a una amiga malagueña, profesora de ELE en una escuela –Odyssey Academy-, que me ha invitado y me aloja en su casa. Yo me ocupo de la parte de conversación y lúdica con alumnos de entre seis y diez años y ella solo se ocupa de la parte más desagradecida: la gramática (en inglés). Todo está organizado a través de un permiso especial concedido por su escuela para traer a un auxiliar nativo que la ayude en sus clases; los gastos corren a su cargo, así que se trata de una cadena de favores en el que la escuela me permite estar allí con un permiso especial del gobierno -porque no es tan fácil estar acá para trabajar siendo europeo-, como practicante, y ella cubre mis gastos más elementales. He de decir que mi amiga gana un sueldo bastante alto ($4000 aproximadamente), así que se lo puede permitir. Desde luego es un pedazo de regalo y se podría decir que esta chica es una santa. A mí me ha hecho un gran favor pues la experiencia está siendo extraordinaria.

Niños aprendiendo. Rochester, Nueva York

Niños aprendiendo. Rochester, Nueva York

Dicho esto… Quiero señalar que la enseñanza para niños es muy visual, con mucho uso de iPad, películas, fotografías, dibujos, juegos de mesa e incluso deportes (existen diversos juegos de pelota en los que los alumnos practican las conjugaciones, el vocabulario, etcétera). Las clases son muy dinámicas; yo me ocupo sobre todo de la parte comunicativa y lúdica. Aparte de todo esto, ayudo a un profesor americano que he conocido acá, de otra escuela, con un grupo de alumnos adultos de nivel B1 en las clases de conversación, todos los miércoles por la tarde. Ahora estamos leyendo una versión adaptada para ELE del Lazarillo de Tormes y yo me encargo de guiarles en la lectura de la obra, explicar el contexto histórico y aclarar la trama, los personajes y la importancia de la novela picaresca en la historiografía literaria española. Un favor que realizo gratis con todo el placer del mundo (no en vano es una de mis obras favoritas y lo paso genial despotricando de la España imperial del siglo XVI).

La ciudad de Rochester es bien famosa por sus universidades y escuelas de prestigio. Muchos alumnos aprenden el español como segunda lengua y de todos es sabido que en EEUU nuestra lengua está alcanzando una fuerza lingüística imparable y sin precedentes. De hecho ya son muchos los nativos que conozco que se interesan por el español y es muy amplia la comunidad hispanohablante (venezolanos y dominicanos sobre todo). Creo que nuestra lengua es el mejor producto que tenemos hoy en España, sin parangón.

La vida aquí es apacible y hay mucho que hacer y ver. El clima es algo extremo. Hemos tenido días de calor sofocante y otros días en los que la temperatura ha bajado hasta los cinco grados. El invierno suele ser muy largo y nieva bastante. No obstante los profesores están bien pagados y considerados, en comparación con nuestro país, por ejemplo. No sé, ¿qué opinan ustedes? Está claro que solo se trata de mi experiencia y que no representa en absoluto toda la realidad pero… Si tuvieran que elegir entre el este y el oeste, ¿dónde irían ustedes?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s